Pensar, sentir, hacer, tener resultados

Como vimos en el otro post lo que pienso provoca lo que siento, lo que siento provoca lo que hago, y vimos como lo que sentía provocaba la sonrisa al rememorar el día más feliz de mi vida.

Si esto lo extrapolamos a acciones que queremos realizar dentro de un plan de acción o de un propósito, como adelgazar, dejar de fumar, ir de viaje o cualquier otra cosa que se te ocurra, veremos que lo que siento es lo que provoca que haga o deje de hacer eso que digo conscientemente que quiero.

Por ejemplo:

Si tengo sobrepeso y quiero perder unos kilos la motivación que tenga para ello es fundamental.

Si mi motivación es “estar sano” y me siento bien, es muy probable que piense que puedo ir a correr o al gimnasio mejor mañana, y que la pizza es una cena perfectamente aceptable.

¿Por qué? Porque ahora mismo me siento bien (es decir estoy sano, que es mi supuesta motivación), tampoco estoy tan gordo, y un día es un día, con lo cual llamo y me tomo la pizza (que puede ser parte de una circunstancia aun mayor en la que como para dejar de sentirme vacio por otros temas, pero vamos al lio, que esto es para otro post)

Si mi motivación en vez de “estar sano” es, por ejemplo, gustarme, porque delgado y en forma me siento mejor, o gustar a mi pareja, porque me encanta como me mira cuando estamos juntos y como me toca los brazos porque le ponen, o encontrar una pareja, y pienso que tengo más posibilidades si estoy en forma, resulta que ir mañana al gimnasio en vez de hoy deja de ser una posibilidad, y la pizza ya no es aceptable.

El evento es el mismo, yo soy el mismo, pero lo que pienso sobre él es diferente, lo que siento sobre él es diferente y la acción que tomo es, por lo tanto, diferente.

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